N°5
publicación mensual
febrero 2006

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ANTONIO ESPINOSA GUERRERO "TOTIS"

Por: Mercedes Aquino

Don “Totis”, como todos le conocen, vive en Wadley y es propietario de un expendio de cerveza. Para varios es tradición encontrarse en su local por las tardes, cuando el sol amaina su intensidad, para platicar de los más variados temas. De la vida, de la tierra, de los avatares cotidianos, de amores y desamores. La personalidad de Totis es envolvente. El tono suave de su voz cuenta mil y una historias. Es un cronista de su pueblo y como no, después de cuarenta y ocho años frente a esa pequeña ventana desde donde ve pasar la vida y la gente.
Nos sentamos en la banquita de afuera. Él ya me estaba esperando. La grabadora no lo cohíbe en lo absoluto. Aún hace calor y eso nos permite cierto grado de intimidad ya que la calle está desierta. Me ofrece una cerveza e inicia su relato: Nací el primero de mayo de 1931. Mi padre fue originario de Villa de Guadalupe y mi madre de San Antonio de Coronados. Tengo ocho hijos y sólo una vive aquí. Los demás andan en el otro lado y en Monterrey. Por eso este es un pueblo de niños, mujeres y ancianos. Son muy pocos los que se quedan. Antes, cuando todavía había trabajo y funcionaban las minas, las cosas eran muy diferentes. El año pasado pude viajar a los Estados Unidos y allí me reencontré, después de quince años, con mis hijos. La compañía minera cerró en 1992. Al principio, durante dos años, la gente tenía dinero, por aquello de la indemnización y como todavía eran viejos pesos, todos tenían millones, era puro millonario. Pero todo acabó y ahora está muy solito.
Cuando tenía 23 años, comencé con el negocio de la venta de cerveza. Trabajaba en un lugar llamado El Atorón. Allí acudían los obreros e ingenieros de la mina. Fue una época muy buena. La cantina actual no tiene nombre, pero todos la conocen como donde Totis. Si bien siempre he vivido en Wadley, conozco mucha gente del Real. Como don Javier, el “Tanque”, que es músico y a veces viene a tocar a las fiestas. Él también fue síndico en el Real. Hasta hemos andado juntos en la política. También conocía Daniel Calderón, que fue muy amigo mío. A Don Higinio, Don Nacho Frías. A Don Diego que era muy buen secretario y muy bueno para escribir a máquina. Trabajé varios años en Real de Catorce durante la fiesta de octubre. En la barandilla de la comandancia, o sea en la cárcel. Yo apuntaba el nombre de los presos y les cobraba la multa. Muchas veces estaba llena de gente en estado de ebriedad. Llegaba a haber hasta 45 personas ahí adentro. Por borrachera se cobraban 29 pesos. Por riña 99 y cuando había sangre ya se los llevaban para el ministerio público. Lo que sí había era mucho mariguano y también muchas ratas, o sea ladrones, pero llegaban y luego los sacaban. Pagaban la multa. Un mariguanillo sacaba a otro. Para eso la multa era de 60 pesos. Yo conocía al presidente municipal que se llamaba Don Raúl Vizcaya y él me invitaba a realizar este trabajo durante la feria.
Anteriormente venían sólo los huicholes por el peyote pero eso empezó a cambiar. Antes, afuerita de Wadley, de aquel lado del campo de fútbol había mucho peyote, ahora ya no. Se van mucho más lejos a buscarlo. Van a Las Ánimas, al Bernalejo y Tanque Nuevo. A los otros que vienen que no son huicholes nosotros los llamamos peyoteros.
Una vez hicimos un trabajo para el gobierno y sacamos en una semana como quinientos kilos de peyote. Estábamos desmontando cien hectáreas para hacer una nopalera. Fue en el año de 1975.
Y ahí ya no volvió a crecer.

 

 

 


Antonio Espinosa Guerrero

 

 

 

 

 

 


Don "Totis"

 

 



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