N°11
publicación mensual
agosto 2006

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BALZ SCHUERMANN

Por: Mercedes Aquino

Nacido en Suiza pero radicado en México desde hace veintitrés años, este hombre, además de ser un personaje del lugar, a través del cual se han hilvanado varias historias, es ahora el único productor de verduras orgánicas o biológicas certificado en el estado de San Luis Potosí, y tiene su rancho “El Cocuy”, en el desierto catorceño. Es para los habitantes de la zona una ventaja muy grande, contar dos veces por semana con estas deliciosas hortalizas. Fuimos a ver que hay detrás del proceso y esto nos contó Balz: Llegué a Real hace veintidós años. Construí una casa, puse un taller de joyería y una carpintería. Por motivos personales me fui de aquí, alguien llegó y me propuso comprar una tierrita allá abajo; siempre me gustó el campo. De joven trabajé en mi país como pastor de borregos y aprecio mucho la naturaleza. Compré la tierra, justo nos tocó la regularización de los pozos viejos y así obtuvimos bastante agua en el rancho. No ha sido para nada fácil todos estos años. Para mí el cultivo orgánico es la única forma en que podemos sobrevivir como humanos, si no cuidamos nuestra tierra jamás vamos a estar bien e iremos siempre más abajo, como lo estamos haciendo ahora a zancadas muy grandes. Es obvio, comes algo malo, te enfermas, te tienes que curar; mejor comes algo bueno. Es una vil tristeza que para muchas nimiedades sí tenemos dinero, pero para que realmente pueda sobrevivir el campo sea donde sea necesita el apoyo del gobierno. Ya no es posible en el mundo moderno. Una de las cosas principales es comida y techo pero quien produce comida no sobrevive hoy en día si no tiene ayuda. En Europa hay hasta un 87% de subsidio a los campesinos. Aquí, gracias al sistema, el dinero se va a la bolsa de algunos. Un pequeño productor no puede competir con los grandes. El bodeguero aprovecha, los distribuidores de agroquímicos aprovechan, y así no hay posibilidad para el futuro de los campesinos. Soy un idealista, claro que sí, pienso que es la única forma en que puede funcionar, producir algo sano y hacer trato directo con el cliente, sin depender del bodeguero ni del vendedor. Así, si el precio del tomate sube o baja no pasa nada y no te ves sujeto al mercado. En este mundo aún estoy de acuerdo en que hay suficiente comida para todos, nos tenemos que organizar. Ahora está muy barato el tomate y se deja en los surcos o se tira a un lado de la carretera y del otro lado del mundo hay gente que no tiene comida. Están malgastando nuestros recursos a lo tonto. Es necesaria una planeación, pero si se quiere enriquecer a costa de, no va a jalar, allá bajo soy el único, es más, en San Luis, ante lo que es Bioagricert- IFOAM, organismos que te certifican orgánico, de verduras, soy el único, los vecinos me miran y piensan que estoy jugando, se ríen. Pero es una realidad, en menos de 5 años con la nueva ley de agua va a tronar el campo, por lo menos aquí en el norte, porque nos van a abrochar el cinto y es desierto. Estoy de acuerdo en que tenemos que cuidar el agua y atenernos al volumen concesionado, pero lo que no es justo es que los transnacionales empiezan a hacerse de los derechos de agua y con eso tienen un poderío; es lo de siempre, el grande se come al chico. Sigo jalando, buscando la combinación de técnicas modernas y antiguas, me gusta leer e informarme. Estudio libros, interactúo, pregunto y cada día se me abre más este campo. Hace 8 años que compré el rancho y no sabía nada de esta tierra, tuve que hacer muchos errores. Me cuesta estar solo, si hago hoy un error, para corregirlo me toma un año y todavía no sabes si te va a funcionar así como piensas, vas haciendo experimentos. Usamos mucha composta, materia orgánica, lombricomposta, humus líquido. Lo orgánico es tener un equilibrio completo entre todas las plantas, los bichos malos y buenos. Usamos emisores solares de sonidos para alejar a algunos roedores. Es una aventura y un riesgo tremendo pero me gusta el campo, es lo mío. Las diferentes cosas que he aprendido en mi vida me sirven ahora para tener el rancho que tengo. También poseo una empresa de diseño de muebles. Tengo 44 años bien vividos. Cuatro hijos y ninguno conmigo. Al fin solito ahorita, pero sigo hacia delante, como cuando de chiquito aprendí que para mí sólo hay un camino, y ese es “bien derechito”.

 

 

 


Balz Schuermann

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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