N°9
publicación mensual
junio 2006

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DON VALENTE PINTOR HERNÁNDEZ

Por: Mercedes Aquino

Valente Pintor Hernández, conocido como Don Valentito nació y creció aquí en Catorce.
Desde 1937, se ocupa del molino de nixtamal. Ahora tiene 87 años. Valentito cuenta: Pintor es apellido, no es que sepa uno pintura. No vaya a creer. Mi padre se llamaba Juan Pintor y mi mamá Cirila Hernández. Fuimos seis hermanos, cinco hombres y una mujer. Primero trabajé en el campo, después trabajé plantas de luz y el molino, con motores que quemaban para dar luz, de petróleo y al último para llegar la electricidad esa que tienen ahora ustedes. Trabajé con la compañía Restauradora Minera en la mina de Santa Ana, con el Ingeniero José Salas. Era muestrero de plata en piedra. Andaba en los cerros muestreando terrenos. Así duré 18 años en la mina desde 1971. Éramos cerca de unos sesenta hombres. En las vetas de plata se da el fantasma pero no es un fantasma, se llama Jergas, ese sale en las minas. Cuando dejé de trabajar en la mina nos dieron poquito. Estoy casado pero no está mi mujer aquí, vive con la hija en Matehuala. No me puedo acordar cuando me casé. Estoy un poco malo de la cabeza, no poseo buen pensamiento. Tengo seis hijos nacidos en Catorce. Yo nací en 1919 y al año se acabó la guerra de revolución, esa fue allá por el bajío, aquí hubo pero nomás aparentaron que eran revolucionarios y dicen que no, que eran rateros. Cuentan que ahí donde cuelgan a Judas (en un árbol de la Plaza Central) se metieron en una tienda junto al billar, la de los Carrillo, ahí entraron a robar, a ver si había dinero y resulta que no eran revolucionarios sino rateros, que le dijeron al encargado ¡A mi me gusta la montura y me la llevo! ¡Cómo se van a robar lo que no es de ustedes, cómo serán sinvergüenzas, se van a llevar la montura de mi patrón! Pues pelaron la carabina y quisieron dispararle tiros. El encargado corrió hacia el barandal de la plaza de armas y se dejó caer. Dios lo ayudó. Los maleantes se echaron a correr hacia un tejocote que había en la plaza, y se dispararon balazos y escucharon los del pueblo y llegaron a sitiar la plaza todos y mataron a uno. Y el otro se llevó la montura y el difunto allí, ya muerto. Al final mandaron traer una escolta de soldados y mataron a los que andaban robando. El molino empezó a funcionar en el año de 1937 desde ese tiempo soy el encargado y mecánico, afilar el metate pa que muela y armar las piezas pa que muela el nixtamal y maíz tostado que le dicen esquite y trigo al dueño de la Casa Chata. Más antes como en el 1940 entonces se molía harto, no había esas tortillerías. Entonces iban muchas mujeres. Ahora van poquitas, allá de vez en cuando. Ni la cuarta parte siquiera de lo que se trabajaba antes y ahora viene un italiano a moler trigo de vez en cuando. Se abre dos días por semana, los dueños son de la familia Calderón, ellos tampoco muelen, nomás cuando tienen fiestas, ellas compran tortillas, pero yo les dejo a lo que me den. Viera lo que soy, somos hombres trabajadores y viene todavía a verme un ingeniero a Catorce y me encuentra y le da un gusto, si viera. Me preparo comida y cena. El almuerzo me lo dan. Tengo televisión pero no me gusta porque es una chiquita. Me acuesto temprano con las dolencias de la pierna, tengo una torcedura de cuando andaba en la mina. No duré en la escuela, hubo un motivo, no pude. Le voy a contar. Una vez en las escaleras de la cúpula de la iglesia, iban a tapar una gotera a la media naranja. Allí estaba mi padre Juan Pintor que era maestro albañil con su compadre y éste le dijo que tuviera cuidado, que esa cuerda no iba a aguantar. Cuando quiso llegar a donde estaba la escalera tronó la soga. Se estrelló 25 metros de altura. Yo creo que nos esperaba a mí y otro hermano para procurarnos la bendición y dio el ultimo suspiro, es muy triste para mi esto y no quería platicárselo, esto fue un 5 diciembre a las 10:30 de la mañana cuando se mató mi papá. Yo tenía 13 años cuando pasó, muy triste, era un chiquillo. Desde los 13 años ya nos fregábamos a trabajar. Sé leer y escribir, pero sólo con lentes. Vivo sólito, yo sólito nomás.

 

 

 


Don Valentito

 

 

 

 

 

 



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