N°10
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julio 2006

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EL PADRE FLORES

Por: Valerio Monti

En los primeros años de vida del nuevo Real la mina más famosa y con gran mérito fue la del padre José Manuel Flores. En 1782, recién llegado al Real compró la veta llamada El Señor de Zavala, que trabajó junto con su hermano don Bernardo Lozano. Hasta ese entonces había sido un mal yacimiento y no había dado ninguna ganancia. Unos años más tarde, el 27 de marzo de 1787, adquirió a título gratuito la mina de San José de Lorza.
Los dueños anteriores se la regalaron por infructífera, sin más condición de que, si a la larga redituaba algo, les remunerase a su arbitrio. El padre siguió trabajando las dos, conocidas ambas como una sola, la mina del Padre Flores, con muy escasos recursos, hasta que llegó a alcanzar un gran salón de treinta y cinco metros de amplitud, repleto de un polvo azul que era pura plata, sin tener que hacer más gasto que sacar ese polvo en bateas. La magnifica veta, estrechándose y ampliándose en partes, formaba ciertas bolsas, unidas unas a otras por un hilo angosto que servía para conservar el rastro. El primer año produjo $ 1.600.000 pesos y la bonanza duró alrededor de dos décadas. El padre Flores se hizo millonario en muy poco tiempo y empleó sus ganancias en la compra de fincas rústicas y urbanas en San Luis Potosí y en San Juan de los Lagos, de donde era originario. Nació en un rancho y sus padres fueron gente pobre, por lo cual desde muy temprana edad tuvo que trabajar en los campos. Entró al seminario de Guadalajara ya cumplidos los 25 años. Una vez ordenado sacerdote fue enviado como vicario a San Gerónimo de la Hedionda , hoy Moctezuma, San Luis Potosí, donde ejerció su ministerio del 1 de enero de 1772 al 30 de enero de 1782. Luego se trasladó a Catorce contagiado por la “fiebre de la plata” en donde se quedó hasta el año de 1808. Después de salir de Catorce se retiró a San Juan de Los Lagos.
Al estallar la Insurgencia en 1810 se puso de parte de los realistas llegando a alojar en su casa al general Calleja, cuando se dirigía hacia Guadalajara a donde iba a batir a los insurgentes. Esto y un pleito que traía sobre los linderos de su hacienda Estancia Grande, próxima a San Juan, fueron su perdición.
El cinco de mayo de 1811 se presentó, en las inmediaciones de San Juan, una partida de 40 hombres armados con lanzas y capitaneados por un tal Villareal, alias el Diente Mocho.
El padre Flores no quiso huir, pensando que todo lo resolvería con dinero. Al día siguiente fue personalmente a hablar con Villareal, que se había instalado en un cerro a la vista del pueblo. Le obsequió $ 2.000 pesos y una espada guarnecida de oro.
Los dieciséis soldados de guardia en San Juan depusieron las armas y la plebe se unió a la pequeña fuerza de Villareal, con lo que este se sintió muy envalentonado. Parece que el padre tenía un poderoso enemigo oculto que usó como instrumento de su venganza a Diente Mocho. Este ordenó que lo desnudaran y un tal apellidado Melgarejo le dio un balazo en el pecho. El sacerdote cayó al suelo moribundo. Enseguida un negro llamado Norberto, esclavo de una hacienda vecina, le cogió la cabeza para que lo degollaran. Luego le amarraron los pies y lo arrastraron unos trescientos metros por entre piedras, espinas y malezas y a través de la herida del cuello le metieron una soga y lo colgaron de un árbol, a la vista del pueblo, sin dejar que le diesen sepultura durante dos días. A la hora de colgarlo Diente Mocho hizo que le cortaran la lengua al sacerdote y la envió a un sujeto que quedó a unos pocos kilómetros del pueblo y que se creyó ser el autor intelectual de tan nefasto crimen. En junio del siguiente año dicho Norberto fue aprehendido por los realistas, fusilado y colgado en el mismo árbol en que pendió el padre.
Muchas personas creen que existe todavìa un fabuloso tesoro oculto conformado por las riquezas del padre Flores.

Referencia bibliográfica: Montejano y Aguiñaga, Rafael. "El Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, S.L.P." capítulo 9.

 

 

 


Entrada de la mina del Padre Flores



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